Conquista del Oeste americano
 

La historia de Olive Oatman con los indios mohaves

Vivir y morir con un tatuaje indio

Olive Ann Oatman

La Conquista del Oeste

 

La colonización de las grandes llanuras de Estados Unidos obligó a los pueblos nativos a retroceder hacia zonas desconocidas en las que a menudo no era fácil conseguir el sustento. A las largas caravanas de carretas tiradas por bueyes y caballos les sucedió un sistema ferroviario compuesto por seis rutas que de norte a sur conectaban con el oeste del país.

La familia mormona de Olive Ann Oatman, en lugar de seguir a Brigham Young hacia Utah, optó por la secta de Brewster, quien aseguraba que Dios le había comunicado el lugar donde reunir a su pueblo en el Valle del río Grande al sur de California, por lo que decidieron seguirlo en su peregrinaje. Partiendo desde Illinois se incorporaron en el verano de 1850 a su expedición ferroviaria, viéndose defraudadas sus expectativas pasadas unos meses al contemplar los áridos páramos de Nuevo México. A principios de 1851 se produjeron graves conflictos internos que supusieron la división de la caravana cerca de Santa Fe. El padre de Olive, Roys, un hombre de fuerte carácter se unió al disidente que descreía de la inspiración divina del profeta mormón, desviándose hacia el sur con un reducido grupo. Cuando Roys se puso al frente de la marcha, el resto de los pasajeros lo abandonaron al ser advertidos de la dificultad del terreno venidero y de su peligrosidad debido a la presencia de nativos hostiles, por lo que la familia Oatman, compuesta por los padres y sus siete hijos, quedó completamente a merced de su propia suerte.


Demolición y cautiverio de la familia Oatman

 

Olive Oatman tenía catorce años en febrero de 1851 cuando sobre una meseta rocosa al este de Yuma se encontraron frente a un grupo de una veintena de nativos que marchaban a pie. Con grandes aspavientos se dirigieron a ellos pidiendo comida, pero Roys, consciente de la imposibilidad de sobrevivir por aquellos inhóspitos parajes sin alimentos, se negó, provocando la ira de los indios que, pertrechados con palos y piedras masacraron a golpes a toda la familia, incluida la madre, que resultó estar embarazada en ese momento. Solo se salvó Olive y dos de sus hermanos: Mary Ann, de cinco años, y Lawrence de quince que, exánime, pudo pasar por muerto.

Las hermanas fueron capturadas y conducidas a unas lejanas montañas donde fueron esclavizadas en una tribu india, reservándoles las labores más ingratas. Ellas desconocían que su hermano había salvado la vida, regresando para enterrar a sus familiares. Lawrence dedicaría los siguientes años de su vida a localizarlas.

Esos primeros meses serían muy duros para ellas, temiendo por sus vidas, pero al año aproximadamente de su captura las vieron un grupo de indios mohaves que comerciaban con los yavapais. A los mohaves les alarmó tanto ver cómo las jóvenes blancas eran maltratadas que se ofrecieron a llevárselas consigo, accediendo estos a venderlas por unos caballos y varias mantas que les servirían para terminar de pasar el invierno.

Las hermanas Oatman, que llegaron al nuevo poblado con muestras de deterioro, se recuperaron pronto pues tuvieron la fortuna de ser adoptadas por uno de sus jefes, cuya hija había sido precisamente la responsable principal del rescate. Su nueva familia las acogió con respeto, aprendiendo su idioma y siguiendo todas sus costumbres, hasta el punto de ser tatuadas según sus creencias religiosas. Desgraciadamente a los cuatro años de la masacre moriría Mary Ann debido a una cruel hambruna.

 

 

Un indeseable rescate

 

A principios de 1856 llegaron noticias a Fort Yuma de la existencia de una mujer blanca en un pequeño poblado mohave. Hasta aquel enclave militar habían llegado las noticias del joven Lawrence anunciando el rapto de las niñas, pero como nadie terminaba de creerlo mandaron a un mensajero nativo a comprobarlo. Al llegar confirmó este el rumor y escuchó la increíble historia directamente de los mediadores nativos, que se negaron a entregar a Olive, cediendo finalmente solo a fuerza de amenazas y de la actitud conciliadora de ella, que se entregó voluntariamente.

Olive Ann fue trasladada al fuerte en un largo viaje acompañada por su hermana adoptiva, que no se volvió hasta dejarla en buenas manos. Las dos jóvenes, ataviadas con su típico atuendo indio descubierto de cintura para arriba, fueron recibidas a su llegada con aplausos y grandes muestras de júbilo, por lo que las mujeres de los oficiales se vieron obligadas a despedir a la nativa con prontitud y a proporcionar a la mujer blanca vestimentas occidentales. Días después tendría lugar la esperada reunión con su hermano, tras cinco largos años en los que ambos se habían dado por fallecidos.

 

Un libro polémico

  

La noticia del rescate llegó pronto a oídos del reverendo Royal Byron Stratton, que en pocos meses localizó a los hermanos y escribió con ellos un libro al que llamó La vida entre los indios, reeditándolo más tarde como El cautiverio de las niñas Oatman entre los indios apaches y mojaves. Y es que Olive creyó que habían sido apaches los autores; lo que resulta improbable, pues fueron los indios yavapais occidentales o tolkepayas quienes habitaron las montañas Harquahala, desde donde se desplazaban en busca de comida.

El libro fue bien promocionado por todo el país durante meses por medio de  presentaciones y entrevistas, cosechando un gran éxito de ventas, con lo que el reverendo Stratton pagó las matrículas de la Universidad a los dos hermanos. Las conferencias tenían el interés de aclarar si las muchachas habían sufrido maltrato por sus captores o si habían llevado una vida benigna entre ellos, pero también interesaban las costumbres de los nativos y, sobre todo, su misterioso tatuaje.

Olive confirmó la dureza de su estancia con los yavapais, obligadas a hacer largas caminatas, a buscar comida y a cargar leña y agua, siendo golpeadas con frecuencia; mientras que al llegar al poblado mohave, una tribu con mayores recursos, el trato cambió y mejoraron sus condiciones de vida, llegando a tener incluso una parcela de cultivo propia gracias a su familia adoptiva, de cuya madre e hija se acordaba siempre con agradecimiento y cariño.  

 

Vivir y morir con un tatuaje indio             

 

El libro de Stratton y la misma Olive defendían que el tatuaje azul de la barbilla era su marca de esclava. Posteriores estudios han demostrado sin embargo que ese tatuaje era parte de un rito tribal religioso que solo afectaba a los auténticos miembros mohaves, y su sentido era poder ser identificados como tales a su llegada a la Tierra de los muertos. Y como a los esclavos no los tenían en consideración, por eso no eran tatuados. Refuerza esta tesis el hecho de que Olive fuese identificada con el nombre del clan (Oach) y con un apodo mohave (Spantsa), que significa lujuria, lo que podría hacer referencia a su actividad sexual. Pero la traducción no es segura.

Su amiga de la infancia, Susan Thompson, con la que pudo reencontrarse al volver a la civilización, manifestó al cabo de los años que la tristeza de Olive podría deberse a haber dejado atrás a su marido indio y a sus dos hijos; pero ella negó siempre estas circunstancias, añadiendo además que a los dos pueblos indígenas con los que convivieron les honra el que en ningún momento sufrieran abusos impúdicos.

A la pregunta de por qué se ocultaron cuando un grupo de topógrafos blancos estuvo en su poblado, alegó que, creyendo muerta a toda su familia, pensaron que estarían más seguras viviendo con los nativos. Su visita al líder mohave Irataba en uno de sus viajes a Nueva York deja de manifiesto sus sentimientos.

Tras varios años de gira por el país, Olive conoció en una de sus conferencias en Michigan al ganadero John Fairchild, con el que se casó en 1865, trasladándose a la próspera ciudad de Sherman en Texas, donde hizo fortuna y fundó el primer banco municipal. Fairchild, que había perdido a su hermano en 1854 en un ataque indio, desconfiaba de Stratton y desaprobaba su libro, por lo que quemó todos los ejemplares que encontró, prohibiendo a su esposa continuar con las charlas. Se sabe que Olive nunca volvió a ver al reverendo y que llevó una vida reservada y tranquila junto a su marido sin salir apenas, optando por usar un velo en la calle, pero siguió asistiendo a las conferencias cuando lo estimó conveniente, donde defendió a la cultura mohave frente a las posturas puritanas, en una época en que las mujeres no se atrevían aún a hablar abiertamente en público.

Olive dedicó el resto de su tiempo a obras de caridad, centrándose en el orfanato de Sherman. Su hermano murió en 1901, y ella lo hizo dos años después, a la edad de sesenta y cinco años, con su tatuaje indio intacto. Que muriera de un infarto al corazón nos puede indicar que hasta el final siguió siendo una mujer comprometida y activa, que descansaría por fin al reunirse con su hermano, con su hermana Mary Ann y con el resto de la familia perdida en su adolescencia. Parece indudable también que debió albergar la esperanza de ser reconocida al llegar por esas otras personas con las que convivió en familia durante algunos años y con las que se identificaba no solo por los tatuajes.

 

 

 

 

Juan José Gañán

8 de octubre de 2022


Documentos adjuntos a esta publicación

Cartel de la película de Olive Oatman con los mohavesDos indios mohaves en ArizonaIrataba, dibujo del líder mohaveIrataba, líder mohave
 
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