Lo que cuesta esquiar

 

Romerillo, Maestro, queridos compañeros senderistas, qué feliz soy de disfrutar de vuestra compañía. Sólo me proporcionáis parabienes. En nuestras largas y suculentas conversaciones por el campo he podido aprender tantas cosas. Lo último cómo hacer para amortizar mi hipoteca de la manera más provechosa posible. Imaginaos, yo siempre había pensado que cuando me concedió el banco la hipoteca a treinta años, poco menos que le habíamos metido un gol por toda la escuadra. Pero ahora veo que no, que es mejor ahorrar mucho y devolverle el dinero lo antes posible, y tratar por todos los medios de que no te quede hipoteca para la jubilación. ¡Qué previsión! ¡Qué sabiduría! ¿Cómo no he podido caer en eso? La verdad es que ya estoy casi convencido, aunque mi mente no sea capaz de asimilar los detalles de la cuestión, pues ya sabéis que mi reino no es de este mundo, y la cabeza me viene y me va desde hace unos meses de la República a la Guerra Civil española, y de esta a los años del franquismo, de los que ya he salido y antes de llegar a la transición me he enfrascado en el tipo ese japonés que acaba de ganar el Premio Novel este año, mientras indago a ratos perdidos las nuevas características y operativa básica de mi nuevo GPS. En fin, que no estoy muy centrado en el tema económico en estos momentos. Pero sí quiero que sepáis que lo tengo en cuenta, que inspiráis siempre en mí una influencia benefactora y que nunca podría encontrar otros amigos más sabios, prudentes y austeros que vosotros, ni compartir otro deporte más sano y económico que el nuestro: el senderismo, por supuesto.

Mi reflexión se debe a que como sabéis este próximo fin de semana os abandonaré para ir a esquiar con mi familia. Quiero recordar que Romerillo se interesó por el precio que nos costaba dejar a mi hijito en manos de una escuela infantil de esquí durante unas horas, que es lo que haremos para poder disfrutar nosotros de este esforzado deporte que tan poco se aviene a la  reputación del caluroso clima cordobés. Esa gestión, como otras muchas, la ha estado llevando a cabo mi diligente esposa, que también vela por nuestros intereses económicos. Así que os voy a deleitar –por una vez- con la enumeración de las diversas partidas presupuestarias, para que disfrutéis al menos sabiendo con pelos y señales lo que os váis a ahorrar mientras nosotros pasamos frío en aquellas inhóspitas cumbres. Os pondré al tanto de lo que cuesta esquiar en Sierra Nevada un fin de semana de Temporada Alta para una familia como la nuestra de tres componentes, no importa que sólo haya 30 Km esquiables o los 120 de la totalidad. Y por si os animáis un día de estos.

Como sabéis ya tenemos reservado un hotel en Granada, en la misma salida hacia la sierra, que no es gran cosa (un 3 *** pestoso). Lo ideal sería que estuviera en la misma urbanización de Sierra Nevada, en Pradollano, pero allí es mucho más caro, claro, en contadas ocasiones hemos podido disfrutar nosotros de ello. La reserva sólo es por una noche, para el sábado 9 de diciembre, porque el viernes –día de la Inmaculada- estaba completo. El importe (gran oferta) para dos adultos y un niño de 11 años es de 76€ (¡clin!), sin desayuno, sólo alojamiento. Según mi querida esposa hoy por hoy, ese día de estancia nos costaría 120€. Sí, ha subido. Para los que recurren al último día siempre es más caro.

Pero el concepto “hotel” es poco significativo. Si hubiéramos ido a Granada de turismo lo tendríamos que haber pagado igual. Lo interesante está en cuánto cuesta esquiar. Sigamos.

¿Sabéis lo que es un “forfait”? Un forfait es un pase para entrar en las pistas de esquí y poder usar los remontes mecánicos: el telecabina que nos sube arriba a Borreguiles, y, al final de la jornada, o en cualquier momento, nos vuelve a bajar a Pradollano; y los telesillas que nos suben desde allí a lo alto de cada pista. Al abonarlo nos dan una tarjeta magnética con un código que se activa al pasar por los tornos de acceso y hace que se abran a nuestro paso. Normalmente se lleva en un bolsillo del chaquetón y no hace falta sacarlo. Los nuestros llevan foto y todo, porque no es una tarjeta de un solo día, sino el carnet de socios. Los forfaits son más caros en Temporada Alta, en la que se incluyen casi todos los fines de semana, como este. Los de adulto cuestan 47,50€ diarios para toda la jornada de esquí. Hay un forfait de media jornada más barato para esquiar sólo por la tarde de 13 a 17 horas.  El forfait para niños de 11 años cuesta 31€ diarios en Temporada Alta, aunque Caramelito es una excepción, pues debido a su peculiaridad sólo nos cuesta 10€ al día (aportando la documentación pertinente). Por lo tanto el concepto “forfaits” quedaría así para nosotros: 47,50€ x 2 días = 95€; por dos adultos son 190€; y 10€ x 2 días del niño (20€ más), son 210€ en total (¡clin!).

Serían 42€ más si vuestro hijo no es superactivo como el nuestro, es decir: 252€. Sólo por utilizar las pistas. Y eso que se trata de un centro de la Junta de Andalucía (CETURSA), ¡que si fuera privado!…

Nosotros -mi diligente esposa, quiero decir- solemos sacar los forfaits por Internet, pero esperamos hasta el último día. Lo suele hacer cuando estamos llegando a la estación en el coche, con el móvil, mientras escuchamos Peces de Ciudad de Ana Belén a toda pastilla, que es nuestro himno para esquiar. Esto lo hacemos para no tener que esperar cola en las taquillas y por si hay algún problema metereológico (viento, tormenta..) de última hora por el que puedan encontrarse cerradas las pistas. Si hay duda subimos a las taquillas a preguntar para asegurarnos que se puede esquiar ese día, o que abrirán pronto. Aunque en Sierra Nevada no es muy frecuente, el clima de alta montaña es imprevisible. Puede hacer un día espléndido en Granada y allí un día infernal, así que cuando hace muy mal tiempo paran los remontes para que no se suba a lo alto, porque la nieve oculta las señalizaciones de las pistas (las balizas) y te puedes caer fuera a un barranco. Y para evitar el peligro de los vaivenes de los remontes, que se puedan despeñar con sus ocupantes dentro, o quedarse inmovilizados allí en medio del enorme congelador que es el Veleta en invierno. El esquí es un deporte estupendo pero también es un deporte de riesgo en un sentido amplio, que sólo se parece a pasear por la calle Cruz Conde en el dinero que te puedes llegar a gastar allí.

Pasemos a otro capítulo, que aunque menor, también suma, y hay que pensar en ello porque resulta ser prácticamente inevitable. Me refiero ahora al PARKING. Podéis suponeros que encontrar aparcamiento en una estación de esquí es muy difícil, casi imposible, sobre todo en Temporada Alta. Para ello Cetursa ha habilitado unos enormes aparcamientos subterráneos a la entrada de Pradollano, y, más recientemente, otros al aire libre, en la zona más alta de la estación, donde están las instalaciones de alto rendimiento (C.A.R.) de la Hoya de la Mora. El importe para un día completo de estacionamiento en el aparcamiento subterráneo es de 15€. Dos días serían 30€ más que añadir al presupuesto (¡clin!). El aparcamiento al aire libre cuesta 5€ al día (10€ el fin de semana), pero es difícil encontrar una plaza libre. Además el de abajo está protegido con vigilancia, tiene cuartos de baño y es más cálido y acogedor para cambiarte y descambiarte de la incómoda ropa de esquiar. Ponerse las botas no se puede hacer dentro del vehículo, por mucho crossover que llevemos ahora, y hacerlo a la interperie a las nueve de la mañana después de habernos levantado a las cinco y haber aguantado la cola de coches por la carretera hasta llegar arriba, nos haría temblar hasta los tuétanos de frío, por lo que no me parece la mejor manera de comenzar nuestra dichosa jornada de esquí.

Pasemos al capítulo MATERIAL. Para esquiar no sólo necesitamos unos esquís, que va. Necesitamos una buena ropa de abrigo: unos pantalones acolchados e impermeables, una o dos camisetas térmicas, un buen chaquetón, calcetines y guantes adecuados, un gorro y unas bragas, unas gafas de sol o de ventisca para el buen o mal tiempo, los esquís, las botas y los bastones. Y con toda esta parafernalia encima se practica nuestro deporte invernal favorito.

Veamos, si suponemos que llevamos de casa la ropa (es mucho suponer, pero pongamos que os presta alguien como yo todo el surtido necesario) y que sólo tengáis que alquilar los esquís, las botas y los bastones, podemos estar hablando de unos 20€ al día, 40 el fin de semana, y 15€ x 2 días los niños, 30€. Con lo que tendríamos que en concepto de material pagaríamos 40+40+30=110€ todo el fin de semana los tres (¡clin!). En nuestro caso nosotros tenemos de todo, peroooo, mis botas no me quedan bien, creo que se ha dado de sí la funda del interior y no me cabe el pie dentro, al menos no me cabía hace dos o tres años que me las quise poner, así que, o me alquilo unas (a 13,90€ el día o 23€ los dos (¡clin!), según folleto publicitario consultado) o me compro unas por 79€ (¡clin!) con el dinero que me dieron por vender mi GPS ladrillo, que será lo más rentable. A Caramelito se le ha quedado pequeño todo, y lo de su hermano aún le viene demasiado grande, sólo le vale la ropa -que no es poco- aunque lo del material lo hemos podido solucionar gracias a la Escuela de Esquí, que lo incluye en el precio.

Así que pasamos a ese otro concepto ahora: la Escuela de Esquí de Caramelito. Decir que esto es igualmente imprescindible, que no se trata de ningún lujo de pijos ni nada de eso. Hablamos de un niño de 11 años recién cumplidos, con tendencia a la impulsividad y a la falta de atención, que no sabe esquiar, porque las dos o tres veces que ha venido con nosotros hace ya tres años, era muy pequeño y lo llevábamos a la guardería infantil de Borreguiles, donde apenas les daban unas mínimas nociones para sujetarse de pie en los esquís y poder andar un poco sobre ellos, el resto del tiempo hacían actividades de interior. Sus padres podríamos darle las primeras nociones de esquí, pero nosotros también queremos disfrutar esquiando, así que de esta forma el niño está entretenido aprendiendo y nosotros pasamos dos mañanas enteras esquiando por el escaso terreno que hayan podido conservar con nieve artificial. Pero ¿cuánto nos supone eso? Pues exactamente, según el reciente email de la Escuela Internacional de Esquí (se llama así) nos cuesta 95€ en total (¡clin!) por los dos días, e incluye tres horas diarias de clases compartidas para seis (sin tilde) alumnos principiantes, incluyendo todo el material (menos el casco, que lo llevaremos nosotros). Dejando las tardes libres, después de comer, para esquiar los tres juntos, depende de las ganas que nos queden y de lo que haya progresado él. Nunca se sabe, a lo mejor aprende rápido en un día o dos, alguno de los niños que nos han acompañado años pasados han empezado a esquiar directamente sin caerse apenas, y al segundo día han bajado con nosotros desde arriba -desde Borreguiles- hasta abajo -hasta Pradollano- por la pista del Río esquiando, que tiene casi tres kilómetros de larga y 550 Mt de desnivel. Eso es lo que da gusto de verdad, y lo que te hace sentir las sensaciones magníficas de un verdadero esquiador.

En fin, ya nos queda menos, sólo nos falta el gasoil y la comida. Nuestro nuevo vehículo es especialmente económico, en el folleto del fabricante decía que consume 3,6 l. a los 100 Km en circuito extraurbano. Esto no se lo cree nadie, pero si le ponemos que sean 4 litros la media por autovía respetando los límites de velocidad y 7 u 8 litros subiendo la sierra, tenemos unos 50€ el viaje (¡clin!), que es lo que yo le hecho siempre.

Y para terminar, la comida. Serían dos desayunos, dos almuerzos y una cena. 20€ los desayunos, o más, porque los esquiadores consumen muchas energías y es necesario hacer acopio de calorías antes de empezar la dura jornada. El primer almuerzo sería ligero, porque bajaremos cuando termine sus clases Caramelito para tomarnos solo un bocadillo y seguiremos luego esquiando, y tres bocatas con sus bebidas no serán más de 20€, aunque luego pediremos unos pistachos o unos cacahuetes para picar algo entre horas. Pongamos entonces 25€ el primer almuerzo. El segundo día seguramente pararemos en una pizzería o algún restaurante medio decente, con lo que se nos irá casi el doble, pongamos 50€. Igual que la cena más o menos, en esto no vamos a escatimar. Después de estar todo el santo día haciendo ejercicio los esquiadores suelen tener un hambre canina. Así que si sumamos los desayunos, almuerzos y cenas tenemos un total de 150€ (¡clin!). Y eso es todo.

Espero no olvidarme de nada. Por supuesto no contamos con ninguna inoportuna multa de tráfico ni con el posible gasto de las cadenas para el nuevo vehículo, ya que la previsión es de tiempo soleado para el fin de semana.

Si echamos cuentas de todos los conceptos: hotel: 76€; forfaits: 210€; parking: 30€; botas de alquiler: 23€ (79€ si me las compro); gasoil: 50€ y comida: 150€, tenemos el TOTAL: 539€  ( ¡ C L I N ! ).

¿Es caro? Pues echad ahora vuestras cuentas y vais a ver. Si no tuviérais el material como nosotros ni un hijo con descuento -como vosotros- los números ascenderían 87€ por el alquiler de botas, esquís y bastones para los tres y 42€ más por el forfait normal de un niño. Total: 668€ ( ¡ C L I N ! ).

Así que, si queréis seguir amortizando hipoteca disfrutad de un buen fin de semana de senderismo en nuestras mágicas veredas cordobesas, que os trae más cuenta, y dejad Sierra Nevada para los que no tenemos la cabeza en nuestro sitio.

Un abrazo.

El tito Juanjo

Alfonsina y el mar

Saludos, chicos. Sólo para deciros dos cositas: (Extraído del correo electrónico enviado por “El tito” a sus colegas y amigos senderistas de Veredascordobesas.com el 26 de junio de 2015).

La primera, que el domingo hicimos una ruta el Maestro y yo muy a gusto desde el cruce de Trassierra (la gasolinera), por la Jarosa, Valdejetas, hasta Puerto Artafi, y vuelta hacia Trassierra por el caminito paralelo a la carretera de nuestra más lejana y frondosa barriada cordobesa, para penetrar -siempre a la sombra- por el Bosque de Fangorn hasta dejarnos a las puertas de mi experimentado y nunca bien ponderado prototipo de ascendencia alemana.

Bendita forma de andar por el campo ésta de hacerlo por parejas que no tiene parangón. Disfrutamos de lo lindo la mañana sin excesos de ninguna clase, que suele ser lo más recomendable para todo. Esta fórmula nos permitió departir plácidamente de esto y aquello, rememorando las añoradas terapias literarias, tan recurrentes y vivificadoras como antaño.

Sin embargo fue al final, ya bajando con el fulgurante vehículo mencionado, que siempre ha bajado –como su piloto- mejor que ha subido, cuando escuchando una bella canción –de las muchas que El Tito ha seleccionado para el disfrute de todos- se produjo el hecho más interesante de la jornada, al menos desde un punto de vista artístico y emocional. Ese nimio suceso me ha tenido hasta ahora entretenido, dando vueltas en mi cabeza y movilizando mis exiguas energías, hasta que, satisfecha mi curiosidad, me ha parecido que no debía reservarme para mí solo el fruto de mi investigación, sino compartirlo con vosotros, como personas sensibles y cultivadas que sois.

La canción que sonaba era “ALFONSINA Y EL MAR”, en la versión de Mercedes Sosa, no de Pasión Vega, que es la que más se escucha ahora, y que es casi tan buena como la otra (la canción, me refiero).

Cuando sonaba me acordé de la historia de esa canción. Tal vez la conozcáis, sobre todo el Canijo, que es feminista, y Sendérix, que, a su edad, sé que ha escuchado mucha música de este tipo también. El Maestro, que a su provecta edad empieza a tener sus pequeños o medianos lapsus mentales, dice que no la conocía.

Yo me enteré hace muy poco, aunque hace mucho que vengo escuchando esa canción. La que yo tenía grabada y que habré puesto cien veces era la de Pasión Vega. La otra, la de Mercedes Sosa, me la encontré no hace tanto esculcando entre las mejores canciones de los años setenta de los videos de Youtube. Y fue ahí donde me enteré de la historia. Hace tres días, como el que dice.

Es la primera canción de un disco que acabo de grabar, disco con el que amenicé también –por cierto- nuestro último viaje a la Costa del Sol. Al empezar a sonar le pregunté al Maestro:

– ¿Sabes de quién se trata? –se puso a pensarlo, pero no le salía el nombre de la cantante, que era lo que creía que le estaba preguntando.

– Es Mercedes Sosa –repuse-, pero no me refiero a eso. ¿Sabes quién es la Alfonsina de la canción?

– No, ¿quién? -Me preguntó a su vez- aparentemente interesado.

La mayoría de las veces nos gusta lo que dicen las letras de las canciones pero no sabemos a lo que se refieren. En este caso me parece que el saberlo enriquece completamente la canción y casi la vuelve distinta si sabemos la historia que hay detrás de ella.

Le respondí al Maestro:

– Es ALFONSINA STORNI, una poetisa andaluza de finales del XIX y principios del XX.

Aprovecho este foro para pedir disculpas al Maestro; no era andaluza, sino argentina, aunque nacida circunstancialmente en Suiza. De padres argentinos y criada en Buenos Aires, Rosario y Mar del Plata. Esa torpe confusión tal vez jugó a favor del impacto emocional que pudo provocar en una persona sensible como el Maestro, aunque él no fue demasiado expresivo.

Y siguió el alumno explicando al maestro:

– Alfonsina Storni se suicidó y esa canción precisamente habla de su muerte, porque se suicidó en el mar, entrándose andando hasta ahogarse. (Acto no infrecuente en la historiografía literaria). Presta atención y verás como ahora escuchas la canción de otra manera –le dije.

Y así fue como maestro y alumno, con los papeles cambiados, se fueron silenciosamente escuchando esa hermosa melodía, como si estuvieran oyendo una nueva, romántica y dramática canción; absortos, embelesados y todo lo visiblemente emocionados que nos permitió la inflexible etiqueta de nuestra masculinidad.

Tras las arduas pero gratificantes investigaciones historiográficas y literarias, trataré yo ahora de hacéroslo a vosotros lo más fácil posible. Podéis visitar la Wikipedia para profundizar en el personaje de relevancia del que estamos hablando. Sólo hay que ver la cantidad de espacio que se le dedica allí para darse uno cuenta del tamaño de nuestra ignorancia. Pero por si tal esfuerzo lo consideraseis baladí os haré aquí un pequeño resumen.

Alfonsina Storni fue una escritora importante, no sólo para la Argentina, sino para la literatura latinoamericana, fue una poetisa posromántica muy celebrada además por el feminismo universal (para bien o para mal). De su biografía personal decir que fue hija de padres muy humildes y menesterosos. Que su padre fue un déspota y alcohólico al que tenían que acostar cada noche su maltratada mujer y su hija, lo que puede explicar el rechazo de Alfonsina por los hombres. Trabajó desde muy joven delante y detrás de la barra de un ruinoso café que montó su padre con el esfuerzo de su familia, sin que este sirviera apenas para darles de comer y los estudios básicos.

Cuenta la leyenda que un día Alfonsina asistió a una representación teatral de una obra conocida y se presentó voluntaria para sustituir el papel de un actor enfermo, pues ella conocía de memoria todos los papeles. Al día siguiente las críticas fueron muy buenas e hicieron que una compañía profesional se interesara por contratarla y así estuvo de gira algunos años, viviendo del teatro, mientras terminaba sus estudios.

Ejerció de maestra en varios centros educativos mientras escribía poesía fundamentalmente de corte intimista y erótico, en su primera etapa, y vanguardista, feminista, filosófica y existencial, en una segunda etapa, por lo que no fue en primera instancia bien acogida. Tuvo que enfrentarse a la moralidad de la época hasta obtener con mucho esfuerzo y el correr del tiempo el reconocimiento académico y popular, así como el de sus propios colegas.

Fue madre soltera desde sus veinte años, pues nunca se desveló el padre de su hijo. Mantuvo relaciones entre otros con Horacio Quiroga, escritor de relatos de renombre, y conoció a personajes tan relevantes como Leopoldo Lugones (que no quiso apoyarla en la edición de sus obras) o Gabriela Mistral.

En el verano de 1935 le fue descubierto un tumor: “Un día, cuando se estaba bañando en el mar, una ola fuerte y alta le pegó en el pecho a Alfonsina, quien sintió un dolor muy fuerte y perdió el conocimiento. Sus amigos la llevaron hasta la playa. Cuando recobró el conocimiento descubrió un bulto en el pecho que hasta el momento no se notaba pero en esa oportunidad se podía tocar con la mano.”

Fue operada de mastectomía ese mismo año en mayo, a la edad de 43 años, quedando secuelas graves de todo tipo, físicas y emocionales, resultando un verdadero calvario su larga y dolorosa convalecencia, pues la tuvo prostrada largo tiempo, con recaídas de dolores terribles y pérdidas de conocimiento que la tuvieron al borde de la locura. Durante tres largos años de penalidades y sufrimientos escribió sin descanso, cartas y poesías desgarradas, hasta que tras la última recaída no pudo enfrentarse con su destino y decidió desgraciadamente suicidarse.

Hay dos versiones de su muerte. La más probable dice que se tiró desde lo alto de un acantilado situado cerca del Club de mujeres de Mar del Plata, donde apareció un zapato al borde del abismo, que se le quedaría enganchado al lanzarse al vacío.

La otra cuenta que Alfonsina se introdujo andando en la playa hasta ahogarse. Esta versión, más romántica, es la que recoge la canción.

Dejó tres cartas para despedirse; una para su hijo, otra para su abogado, para que cuidase de su hijo y otra con un pequeño poema de despedida. Eran estos versos:

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme puestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.
Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera,
una constelación, la que te guste,
todas son buenas; bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes,
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

para que olvides. Gracias… Ah, un encargo,
si él llama nuevamente por teléfono

le dices que no insista, que he salido…

(Este final es un misterio para todos los que la conocieron y aún hoy sigue sin resolverse).

Os pongo el link de la Wikipedia:

https://es.wikipedia.org/wiki/Alfonsina_Storni

Y el de los vídeos de las dos canciones.

La de Mercedes Sosa con la letra de la canción y algunas escenas alusivas.

https://www.youtube.com/watch?v=Rrr5YzcbPd4

Y la versión de Pasión Vega:

https://www.youtube.com/watch?v=3BIVwPvKIpQ

Espero que os guste y la disfrutéis (no sé si es la palabra adecuada) como si fuera una nueva canción.

¡Ah! Horacio Quiroga y Leopoldo Lugones, también se suicidaron como ella. Y es que el suicidio despertó un interés desmedido no sólo en los poetas románticos, sino en los escritores y artistas de las siguientes generaciones de todo el mundo, que arrastró como una peste contagiosa a personajes tan relevantes como Mariano José de Larra, Ángel Ganivet , Stefan Zweig, Virginia Woolf o el mismísimo Ernest Hemingway.

Para terminar, os dejo la letra de la canción, para que os pongáis a cantarla mientras os acordáis de esta historia tan triste, como yo a veces cuando regreso en el autobús a mi casa:

 Alfonsina y el mar

Por la blanda arena que lame el mar
Su pequeña huella no vuelve más
Un sendero solo de pena y silencio llegó
Hasta el agua profunda
Un sendero solo de penas mudas llegó
Hasta la espuma

Sabe Dios qué angustia te acompañó
Qué dolores viejos calló tu voz
Para recostarte arrullada en el canto de las
Caracolas marinas
La canción que canta en el fondo oscuro del mar
La caracola

Te vas Alfonsina con tu soledad
¿Qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Una voz antigua de viento y de sal
Te requiebra el alma y la está llevando
Y te vas hacia allá, como en sueños
Dormida, Alfonsina, vestida de mar

Cinco sirenitas te llevarán
Por caminos de algas y de coral
Y fosforescentes caballos marinos harán
Una ronda a tu lado
Y los habitantes del agua van a jugar
Pronto a tu lado

Bájame la lámpara un poco más
Déjame que duerma Nodriza en paz
Y si llama él no le digas que estoy
Dile que Alfonsina no vuelve
Y si llama él no le digas nunca que estoy
Di que me he ido

Te vas Alfonsina con tu soledad
¿Qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Una voz antigua de viento y de sal
Te requiebra el alma y la está llevando
Y te vas hacia allá como en sueños
Dormida, Alfonsina, vestida de mar

(Mercedes Sosa)

Un abrazo

Eltitomelancólico

 

El precio justo

miseria_escultura

Hoy ha entrado a la tienda un pobre a pedir. Un pobre conocido. Yo le había dado otras veces una moneda. Pero cada vez que venía se la ganaba porque lo sermoneaba diciéndole que debía buscar trabajo, que era muy joven para andar por la calle pidiendo. Hasta entonces era el único precio que debía pagar por mi generosidad.

La verdad es que últimamente no le daba nada.

Como estoy solo en la tienda, cada vez que tengo que salir a comprar tengo que cerrarla y poner un cartel para que sepan que vuelvo enseguida. Así que un día le pedí que me comprara una barra de luz fluorescente -le di dinero, me hizo el mandado, me trajo la vuelta y hasta me colocó el tubo en su sitio.

Le di un euro o dos por aquello, no lo recuerdo. Serían seguramente dos, porque venía a menudo después solicitando hacer cualquier mandado para mi.

  • Juanjo, ¿necesitas algo?

Como casi siempre coincide con algún cliente no le hago caso. Por eso ha ido demorando sus visitas, viendo que no fructificaban sus demandas. Pero hoy ha vuelto a venir.

De nuevo estaba atendiendo a una señora que se quejó porque le pareció muy caro un tintero de una calculadora. No es que fuese caro es que la mujer se trajo la máquina para que se lo pusiese yo mismo, y lo que hice fue cobrarle algo más por la mano de obra, por el servicio -y por evitar que se manchara las manos.

Hoy, en el trayecto del autobús, yo había estado ojeando un libro de Jack London que escribió después de hacerse pasar por un vagabundo durante dos meses en un barrio de los bajos fondos londinenses. Y como estaba sensible a la pobreza, cuando ha asomado la cabeza el tipo por la puerta para saludarme por mi propio nombre, le he dicho que pasara.

Me eché mano al bolsillo para darle algo, pero me encontré con una pila de esas de botón que me recordó que debía comprar dos para el peso del cuarto de baño que se le habían gastado y no estaba seguro de que mi régimen estuviese funcionando. Entonces le pedí si podía ir a comprar mis pilas. Saqué cinco euros primero, que esperaba fuese suficiente, pero por si acaso le di diez, no sin dejar de pensar que así sería mayor la tentación de quedarse con ellos y no volver a aparecer por aquí. Le expliqué dónde era, al otro lado del parque, y que tenía prisa, porque cerraba dentro de cuarenta y cinco minutos. Él salió pitando entre la gente casi sin despedirse.

  • Ahora mismo vuelvo, Juanjo.

Al minuto entra un negrito que se pone en la puerta a vender el canal por cable local y que viene a que le cargue su móvil cuando se le acaba la batería, y me dice:

  • ¡Cuidaito con ese! Que ese te monta un espectáculo por menos de nada.
  • Ah, ¿sí? ¿Lo conoces? Supongo que debe ser peligroso -respondí-, pero yo me llevo muy bien con él, a mí sólo me hace favores.
  • Es que el otro día montó un show en la tienda de mi novia porque una mujer no le dio una moneda. Les gritó y se puso atacao, que se las iba a comer.
  • Ya -le dije-, esas son las cosas del alcohol. Me imagino que este chaval bebe, porque lo he visto un par de veces en el mismo bar. Y con la bebida se pierden los nervios. A mí no creo que me grite, porque yo sólo le ayudo, me hace mandados y le doy una propina, y por lo menos se siente útil. Ahora le he dado un billete para que me compre unas pilas y confío en que no me robará el dinero, porque a la larga perdería él mucho más. Y no tiene pinta de tonto.

El negrito salió para afuera y a los quince minutos se presentó mi vagabundo, muy azorado pero contento. Me dio las pilas que le habían costado poco más de tres euros y me entregó la vuelta.

Yo cogí el billete de cinco y le entregué lo restante, un euro con ochenta céntimos creo que era. Me dio las gracias y siguió adelante su camino.

Esperé un poco y salí a decirle al negrito que ya había vuelto el otro y que todo había salido muy bien. Yo tenía mis pilas por un pequeño sobreprecio que confirmarían más tarde mi absoluta falta de mesura con la dieta y el muchacho se había ganado unas monedas. Además yo conseguí una buena venta en aquellos escasos minutos en que se produjeron los hechos y, sobre todo, me quedó una sensación de reconfortante satisfacción conmigo mismo.

Como pensé, había merecido la pena pagar un poco más por las pilas.

Juanjo Gañán

 

¿UNA TIENDA?

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¿Hay algo que yo pueda venderos desde aquí?

Mis historias, mis libros, mis ideas…¿son para venderlas?

Y en caso afirmativo, ¿quién va a querer comprarlo todo eso?

No, una tienda, no.

El chiste de los Caracoles

doscaracolesA Caramelito

Dos caracoles cantantes están en la acera de una calle juntos charlando sobre sus carreras al sol, en pleno agosto cordobés, cuando se posa una hojita pequeña de un árbol justo al lado de ellos. Se la quedan mirando y el más pequeño y rápido consigue subirse en lo alto.

  • ¡Uf! ¡Qué alivio! ¡Qué fresquita está! – mientras, el otro, el caracol más gordo y lento, llega al borde de la hoja y se da cuenta que no caben los dos. Entonces, sin cara de mal genio ni nada, le dice a su amigo cantando:
  • Quítate túú, para ponerme yoo. Quítate túú, para ponerme yoo…

Juanjo

¿UN DIARIO?

diario

¿Escribir aquí un diario? ¿Contaros mi vida? ¡Qué vergüenza!

Los diarios son secretos. O se escribe algo inconfesable o no es un diario.

Está bien, escribiré cosas inconfesables.

JJG