Alfonsina y el mar
 

ALFONSINA Y EL MAR

Sobre la vida de Alfonsina Storni

Alfonsina y el mar
Esta triste canción ha dejado una honda huella en mi vida. Desde que tengo memoria ha estado entre mis discos, en mis listas de canciones predilectas, como un trasnochado hit. En junio de 2.015 tuvo lugar un hecho que la desempolvó del baúl de los recuerdos, una anécdota que la puso en valor —como se dice ahora— y que la engrandeció como obra maestra del género. Después de ese episodio que narro ahora aquí, singularmente sirvió de banda sonora en las exequias fúnebres de un gran amigo. Sobre ese amigo versa la mitad del único libro que ha salido de mi humilde pluma. En la presentación de ese libro en la Biblioteca Viva de Al Ándalus en septiembre de 2.018, a la que no solo acudieron mis amigos y familiares sino también los suyos, quise releer públicamente aquel capítulo curioso sobre esa canción que nos perseguía, y pude hacerlo magníficamente acompañado por dos mujeres artistas, a las que quedaré agradecido para siempre.
Alba Espert, Premio Vicente Amigó de guitarra, amenizó los entreactos de las intervenciones y acompañó en el cierre a la hija cantante del fallecido (conocida como Sarabanda), que interpretó a capella para poner broche de oro al acto una versión propia conmovedora de Alfonsina y el Mar. Para rememorar aquellos momentos y, especialmente, para los que no pudieron asistir aquel día, inolvidable para mí, pongo hoy negro sobre blanco la parte final en la que yo le explicaba a mis colegas senderistas en un correo electrónico esta historia sobre la canción que Mercedes Sosa dedicó a Alfonsina Storni. La confluencia de esas dos grandes mujeres argentinas junto a la gran guitarrista Alba Espert y a la cantautora cordobesa Sara Villafuerte ese día, en el que también estaba presente mi madre por ser la protagonista de la otra mitad del libro, me parece hoy un verdadero homenaje a la mujer artista o a la MUJER, en general. Estas eran mis palabras de entonces:

«Saludos, chicos. Sólo para deciros dos cositas:»
(Extraído del correo electrónico enviado por "El tito" a sus colegas y amigos senderistas de Veredascordobesas.com el 26 de junio de 2015).
«La primera, que el domingo hicimos una ruta el Maestro y yo muy a gusto desde el cruce de Santa María de Trassierra, por las fincas de la Jarosa y Valdejetas hasta Puerto Artafi, y vuelta hacia Trassierra por el caminito paralelo a la carretera de nuestra más lejana y frondosa barriada cordobesa, para penetrar, siempre a la sombra, por el Bosque de Fangorn (al que los no versados o puristas continúan llamando Pinar de Torrehoria) hasta dejarnos a las puertas de mi experimentado automóvil, que descansó esa mañana en aquel rústico e idílico aparcamiento junto a la gasolinera. Bendita forma de andar por el campo ésta de hacerlo por parejas que no tiene parangón. Disfrutamos de lo lindo una jornada campestre sin excesos de ninguna clase, que suele ser la manera más recomendable de hacerlo. Dicha fórmula nos permitió departir plácidamente de esto y aquello, rememorando las añoradas terapias literarias, tan recurrentes y vivificadoras como antaño. Sin embargo fue al final, ya bajando relajados en conmovedor silencio acomodados en mi dócil vehículo cuando, escuchando una bella melodía en su vetusto reproductor musical, saltó la chispa que prendió en este espíritu receptivo. Gracias a ese nimio suceso llevo entretenido toda la semana, dándole vueltas a la cabeza y movilizando mis exiguas energías. Satisfecha ahora mi primitiva curiosidad, me ha parecido que no debía reservarme para mí el fruto de esta investigación, sino compartirlo con vosotros, como personas sensibles y cultivadas que sois. Estos son los hechos:»
«La canción que sonaba ese día era “ALFONSINA Y EL MAR”, en la versión de Mercedes Sosa, no de Pasión Vega, que es la que más se escucha ahora, y que es casi tan buena como la otra. Cuando sonaba me acordé de esa triste historia que contaba. Tal vez la conozcáis, sobre todo el Canijo, que tiene predilección por las voces de protesta femeninas, y Sendérix, por supuesto, que ha tenido que escuchar mucha música folclórica de este tipo a lo largo de su vida. El Maestro, que a su provecta edad empieza a tener ya sus pequeñas lagunas, dice que no la conocía. Yo me enteré hace poco del significado de esa letra, por casualidad, como solemos aprender tantas cosas, aunque hace mucho que figura esa canción —insisto— entre mis favoritas. La que yo tenía grabada y que habré puesto cien veces es la de Pasión Vega. La otra, la de Mercedes Sosa, me la tropecé en YouTube no hace tanto esculcando entre las mejores canciones de los años setenta. Y fue ahí donde me enteré de esa historia tan romántica y conmovedora, leyendo despacito la letra que la subtitulaba. Por eso fue la primera de las canciones que coloqué en el disco que llevé para amenizar nuestra última expedición montañista. Al empezar a sonar le pregunté al Maestro por la Alfonsina a la que se refería la canción:
—¿Sabes de quién se trata? —Se puso a pensarlo, pero no pudo recordar el nombre de la cantante, que era lo que creía que le estaba preguntando.
—La cantante es Mercedes Sosa —repuse—, pero no me refiero a eso. ¿Sabes quién es la Alfonsina de la que habla ella?
—No, ¿quién? —Me preguntó a su vez, aparentemente interesado por el asunto.
Es frecuente que nos gusten algunas canciones aunque no comprendamos la letra o nos parezca absurda. La mayoría de las veces simplemente no sabemos a lo que se refieren. En este caso me parece que el saberlo enriquece completamente la canción y casi la vuelve distinta. Le respondí al Maestro:
—Es ALFONSINA STORNI, una poetisa andaluza de finales del XIX y principios del XX.
Aprovecho este foro para pedir disculpas públicamente al Maestro; no era andaluza, sino argentina, aunque nacida circunstancialmente en Suiza. De padres argentinos y criada en Buenos Aires, Rosario y Mar del Plata. Esa torpeza tal vez jugó a favor del impacto emocional que pudo provocar en una persona sensible como el Maestro, aunque él no fue demasiado expresivo. Y siguió el alumno explicando al maestro:
—Alfonsina Storni se suicidó y esa canción precisamente habla de su muerte, porque se suicidó en el mar, entrándose andando hasta ahogarse. Presta atención y verás como ahora la escuchas de otra manera —le dije.
Y así fue como maestro y alumno, con los papeles cambiados, se fueron silenciosamente escuchando esa hermosa melodía, como si estuvieran oyendo una canción nueva, mucho más dramática y poética; absortos, embelesados y todo lo visiblemente emocionados que les permitía la inflexible etiqueta de su masculinidad.
Podéis consultar una biografía de Alfonsina Storni en la biblioteca, como se hacía antes, o simplemente visitar la Wikipedia para profundizar en el personaje de relevancia del que estamos hablando. Sólo hay que ver la cantidad de espacio que se le dedica allí para darse uno cuenta del tamaño de nuestra ignorancia. Pero por si tal esfuerzo lo consideraseis inútil o baladí os haré yo mismo un pequeño resumen:
Alfonsina Storni fue una escritora importante, no sólo para la Argentina, sino para la literatura latinoamericana, y es uno de los hitos más sobresalientes en la historia de la poesía en castellano. Es considerada, como poetisa posromántica, una de las voces más celebradas del feminismo universal. De su biografía personal decir que fue hija de una familia muy humilde y menesterosa. Que su padre fue un déspota y alcohólico al que tenían que acostar cada noche su maltratada mujer y su hija, lo que puede explicar el rechazo de Alfonsina por los hombres. Trabajó desde muy joven delante y detrás de la barra de un ruinoso café que se montó con el esfuerzo de todos sus familiares, sin que este sirviera apenas para darles de comer y los estudios básicos. Cuenta la leyenda que un día Alfonsina asistió a una representación teatral de una obra conocida y se presentó voluntaria para sustituir el papel de un actor enfermo, pues ella conocía de memoria todos los papeles. Al día siguiente las críticas fueron muy buenas e hicieron que una compañía profesional se interesara por contratarla y así estuvo de gira algunos años, viviendo del teatro, mientras terminaba sus estudios.
Ejerció de maestra en varios centros educativos mientras escribía poesía fundamentalmente de corte intimista y erótico, en su primera etapa, y vanguardista, feminista, filosófica y existencial, en una segunda etapa, por lo que no fue en primera instancia bien acogida. Tuvo que enfrentarse a la moralidad de la época hasta obtener con mucho esfuerzo y el correr del tiempo el reconocimiento académico y popular, así como el de sus propios colegas. Mantuvo relaciones entre otros con Horacio Quiroga, escritor de relatos de renombre, y conoció a personajes tan relevantes como Leopoldo Lugones (que no quiso apoyarla en la edición de sus obras) o Gabriela Mistral. Y fue madre soltera desde sus veinte años, pues nunca quiso desvelar la paternidad de su hijo.
En el verano de 1935 le fue descubierto un tumor: «Un día, cuando se estaba bañando en el mar, una ola fuerte y alta le pegó en el pecho a Alfonsina, quien sintió un dolor muy fuerte y perdió el conocimiento. Sus amigos la llevaron hasta la playa. Cuando recobró el conocimiento descubrió un bulto en el pecho que hasta el momento no se notaba pero en esa oportunidad se podía tocar con la mano.» Fue operada de mastectomía ese mismo año en mayo, a la edad de 43 años, quedándole secuelas graves de todo tipo, físicas y emocionales, resultando un verdadero calvario su larga y dolorosa convalecencia pues la tuvo prostrada largo tiempo, sufriendo recaídas con dolores terribles y pérdidas de conocimiento que la tuvieron al borde de la locura. Durante tres largos años de penalidades y sufrimientos escribió sin descanso cartas y poesías desgarradas, hasta que tras la última recaída no pudo más, no fue capaz de eludir su destino y decidió desgraciadamente suicidarse.
Hay dos versiones de su muerte. La más probable dice que se tiró desde lo alto de un acantilado situado cerca del Club de mujeres de Mar del Plata, donde apareció un zapato al borde del abismo, que se le debió quedar enganchado al lanzarse al vacío. La otra cuenta que Alfonsina se introdujo andando en la playa hasta ahogarse. Esta versión más romántica es la que recoge la canción. Dejó tres cartas para despedirse; una para su hijo, otra para su abogado —para que cuidase de este— y otra con un pequeño poema de despedida. Eran estos versos:»

«Dientes de flores, cofia de rocío, / manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme puestas las sábanas terrosas / y el edredón de musgos escardados.
Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame. / Ponme una lámpara a la cabecera,
una constelación, la que te guste, / todas son buenas; bájala un poquito.
Déjame sola: oyes romper los brotes, / te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases / para que olvides. Gracias… Ah, un encargo,
si él llama nuevamente por teléfono / le dices que no insista, que he salido…»

«Este final —que perpetúa la canción— sigue siendo un misterio incluso para todos los que la conocieron.»
A mis amigos yo les mandaba en ese email el enlace de la Wikipedia sobre Alfonsina: https://es.wikipedia.org/wiki/Alfonsina_Storni. Y el de los vídeos de las dos canciones, la de Mercedes Sosa con la letra subtitulada y algunas escenas alusivas: https://www.youtube.com/watch?v=Rrr5YzcbPd4. Y la versión de Pasión Vega, espléndida también, pero quizás menos conmovedora que la otra: https://www.youtube.com/watch?v=3BIVwPvKIpQ.

«Espero que os guste y la disfrutéis (no sé si es la palabra correcta) como si fuera una nueva canción, más romántica y poética. Por cierto, Horacio Quiroga y Leopoldo Lugones, también se suicidaron como ella. Y es que el suicidio despertó un interés desmedido no solo en los poetas románticos sino en escritores y artistas de las siguientes generaciones de todo el mundo, y arrastró como una peste contagiosa a personajes tan relevantes como Mariano José de Larra, Ángel Ganivet, Stefan Zweig, Mishima, Cesare Pavese, Virginia Woolf, o el mismísimo Ernest Hemingway.
Para terminar, os dejo la letra de la canción, para que la aprendáis y os pongáis a cantarla mientras os acordáis de esta historia tan triste, como yo hago a veces cuando tengo uno de esos días azules neoyorkinos de los que hablaba Truman Capote, en los que Holly —la Audrey Hepburn de la película— acaba desayunando de madrugada en los escaparates de Tiffany´s. Los míos se parecen más a esos largos días de la marmota, y los sufro casi siempre de noche, al terminar la jornada, regresando en el autobús a mi barrio. Entonces bajo los auriculares me refugio en esta canción que no tiene desperdicio:»

«Alfonsina y el mar»

«Por la blanda arena que lame el mar,
Su pequeña huella no vuelve más.
Un sendero solo de pena y silencio llegó
Hasta el agua profunda.
Un sendero solo de penas mudas llegó
Hasta la espuma.
Sabe Dios qué angustia te acompañó,
Qué dolores viejos calló tu voz,
Para recostarte arrullada en el canto de las
Caracolas marinas,
La canción que canta en el fondo oscuro del mar
La caracola.
Te vas Alfonsina con tu soledad.
¿Qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Una voz antigua de viento y de sal
Te requiebra el alma y la está llevando,
Y te vas hacia allá, como en sueños
Dormida, Alfonsina, vestida de mar.
Cinco sirenitas te llevarán
Por caminos de algas y de coral,
Y fosforescentes caballos marinos harán
Una ronda a tu lado.
Y los habitantes del agua van a jugar
Pronto a tu lado.
Bájame la lámpara un poco más,
Déjame que duerma Nodriza en paz
Y si llama él no le digas que estoy,
Dile que Alfonsina no vuelve.
Y si llama él no le digas nunca que estoy
Di que me he ido.
Te vas Alfonsina con tu soledad.
¿Qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Una voz antigua de viento y de sal
Te requiebra el alma y la está llevando.
Y te vas hacia allá como en sueños
Dormida, Alfonsina, vestida de mar.»


(La canción es una zamba compuesta por el pianista Ariel Ramírez y el escritor Félix Luna para el disco de Mercedes Sosa “Mujeres Argentinas” de 1969, basándose en el poema póstumo de Alfonsina Storni.)


«Un abrazo: Eltitomelancólico »

POSDATA: En la introducción se habla de que este escrito puede verse como un homenaje a la mujer. Sin embargo hay otra persona a la que le debo, además de sus amables palabras de bienvenida, el haber podido presentar mi libro en el incomparable marco de la Biblioteca Viva de Al Ándalus. Se trata del artista plástico y escritor cordobés Alfonso Cost. Pero además hay otras tres mujeres a las que debo ese día agradecer su trabajo: a mi cuñada Isabel y a mi esposa Soledad, que se encargaron de la complicada infraestructura de un acto al que asistieron más de cien personas y que duró casi dos horas. Y la tercera mujer a la que me refiero ahora es mi hermana Inmaculada, que aceptó hablar allí de su hermano mayor, realizándolo con naturalidad y conocimiento de causa, no en vano lleva toda una vida dedicada a la investigación y contribuyendo a la formación de sus alumnos desde las aulas o supervisando los más avanzados proyectos educativos. Como decía aquel sabio precepto romano del derecho —que aprendí de algún estudioso abogado en otros tiempos y otros ámbitos—: «Suum cuique tribuere» (a cada uno lo suyo).

(Juan José Gañán. Revisión de enero de 2.022)
Documentos adjuntos a esta publicación
Enlaces

Palacio del Bailío, ahora Biblioteca Viva de Al-ÁndalusInterior de la Biblioteca Viva de Al-ÁndalusMercedes SosaPasión Vega interpretando Alfonsina y el marSARABANDA (Sara Villafuerte)Alba EspertDos historias de Córdoba de Juan José Gañán
 
Copyright VEREDAS CORDOBESAS
Psje. Jose Manuel Rodriguez Lopez 6 | 14005 Córdoba · España
info@veredascordobesas.com
Diseña y desarrolla
Xperimenta eConsulting