Alfonsina y el mar

Saludos, chicos. Sólo para deciros dos cositas: (Extraído del correo electrónico enviado por “El tito” a sus colegas y amigos senderistas de Veredascordobesas.com el 26 de junio de 2015).

La primera, que el domingo hicimos una ruta el Maestro y yo muy a gusto desde el cruce de Trassierra (la gasolinera), por la Jarosa, Valdejetas, hasta Puerto Artafi, y vuelta hacia Trassierra por el caminito paralelo a la carretera de nuestra más lejana y frondosa barriada cordobesa, para penetrar -siempre a la sombra- por el Bosque de Fangorn hasta dejarnos a las puertas de mi experimentado y nunca bien ponderado prototipo de ascendencia alemana.

Bendita forma de andar por el campo ésta de hacerlo por parejas que no tiene parangón. Disfrutamos de lo lindo la mañana sin excesos de ninguna clase, que suele ser lo más recomendable para todo. Esta fórmula nos permitió departir plácidamente de esto y aquello, rememorando las añoradas terapias literarias, tan recurrentes y vivificadoras como antaño.

Sin embargo fue al final, ya bajando con el fulgurante vehículo mencionado, que siempre ha bajado –como su piloto- mejor que ha subido, cuando escuchando una bella canción –de las muchas que El Tito ha seleccionado para el disfrute de todos- se produjo el hecho más interesante de la jornada, al menos desde un punto de vista artístico y emocional. Ese nimio suceso me ha tenido hasta ahora entretenido, dando vueltas en mi cabeza y movilizando mis exiguas energías, hasta que, satisfecha mi curiosidad, me ha parecido que no debía reservarme para mí solo el fruto de mi investigación, sino compartirlo con vosotros, como personas sensibles y cultivadas que sois.

La canción que sonaba era “ALFONSINA Y EL MAR”, en la versión de Mercedes Sosa, no de Pasión Vega, que es la que más se escucha ahora, y que es casi tan buena como la otra (la canción, me refiero).

Cuando sonaba me acordé de la historia de esa canción. Tal vez la conozcáis, sobre todo el Canijo, que es feminista, y Sendérix, que, a su edad, sé que ha escuchado mucha música de este tipo también. El Maestro, que a su provecta edad empieza a tener sus pequeños o medianos lapsus mentales, dice que no la conocía.

Yo me enteré hace muy poco, aunque hace mucho que vengo escuchando esa canción. La que yo tenía grabada y que habré puesto cien veces era la de Pasión Vega. La otra, la de Mercedes Sosa, me la encontré no hace tanto esculcando entre las mejores canciones de los años setenta de los videos de Youtube. Y fue ahí donde me enteré de la historia. Hace tres días, como el que dice.

Es la primera canción de un disco que acabo de grabar, disco con el que amenicé también –por cierto- nuestro último viaje a la Costa del Sol. Al empezar a sonar le pregunté al Maestro:

– ¿Sabes de quién se trata? –se puso a pensarlo, pero no le salía el nombre de la cantante, que era lo que creía que le estaba preguntando.

– Es Mercedes Sosa –repuse-, pero no me refiero a eso. ¿Sabes quién es la Alfonsina de la canción?

– No, ¿quién? -Me preguntó a su vez- aparentemente interesado.

La mayoría de las veces nos gusta lo que dicen las letras de las canciones pero no sabemos a lo que se refieren. En este caso me parece que el saberlo enriquece completamente la canción y casi la vuelve distinta si sabemos la historia que hay detrás de ella.

Le respondí al Maestro:

– Es ALFONSINA STORNI, una poetisa andaluza de finales del XIX y principios del XX.

Aprovecho este foro para pedir disculpas al Maestro; no era andaluza, sino argentina, aunque nacida circunstancialmente en Suiza. De padres argentinos y criada en Buenos Aires, Rosario y Mar del Plata. Esa torpe confusión tal vez jugó a favor del impacto emocional que pudo provocar en una persona sensible como el Maestro, aunque él no fue demasiado expresivo.

Y siguió el alumno explicando al maestro:

– Alfonsina Storni se suicidó y esa canción precisamente habla de su muerte, porque se suicidó en el mar, entrándose andando hasta ahogarse. (Acto no infrecuente en la historiografía literaria). Presta atención y verás como ahora escuchas la canción de otra manera –le dije.

Y así fue como maestro y alumno, con los papeles cambiados, se fueron silenciosamente escuchando esa hermosa melodía, como si estuvieran oyendo una nueva, romántica y dramática canción; absortos, embelesados y todo lo visiblemente emocionados que nos permitió la inflexible etiqueta de nuestra masculinidad.

Tras las arduas pero gratificantes investigaciones historiográficas y literarias, trataré yo ahora de hacéroslo a vosotros lo más fácil posible. Podéis visitar la Wikipedia para profundizar en el personaje de relevancia del que estamos hablando. Sólo hay que ver la cantidad de espacio que se le dedica allí para darse uno cuenta del tamaño de nuestra ignorancia. Pero por si tal esfuerzo lo consideraseis baladí os haré aquí un pequeño resumen.

Alfonsina Storni fue una escritora importante, no sólo para la Argentina, sino para la literatura latinoamericana, fue una poetisa posromántica muy celebrada además por el feminismo universal (para bien o para mal). De su biografía personal decir que fue hija de padres muy humildes y menesterosos. Que su padre fue un déspota y alcohólico al que tenían que acostar cada noche su maltratada mujer y su hija, lo que puede explicar el rechazo de Alfonsina por los hombres. Trabajó desde muy joven delante y detrás de la barra de un ruinoso café que montó su padre con el esfuerzo de su familia, sin que este sirviera apenas para darles de comer y los estudios básicos.

Cuenta la leyenda que un día Alfonsina asistió a una representación teatral de una obra conocida y se presentó voluntaria para sustituir el papel de un actor enfermo, pues ella conocía de memoria todos los papeles. Al día siguiente las críticas fueron muy buenas e hicieron que una compañía profesional se interesara por contratarla y así estuvo de gira algunos años, viviendo del teatro, mientras terminaba sus estudios.

Ejerció de maestra en varios centros educativos mientras escribía poesía fundamentalmente de corte intimista y erótico, en su primera etapa, y vanguardista, feminista, filosófica y existencial, en una segunda etapa, por lo que no fue en primera instancia bien acogida. Tuvo que enfrentarse a la moralidad de la época hasta obtener con mucho esfuerzo y el correr del tiempo el reconocimiento académico y popular, así como el de sus propios colegas.

Fue madre soltera desde sus veinte años, pues nunca se desveló el padre de su hijo. Mantuvo relaciones entre otros con Horacio Quiroga, escritor de relatos de renombre, y conoció a personajes tan relevantes como Leopoldo Lugones (que no quiso apoyarla en la edición de sus obras) o Gabriela Mistral.

En el verano de 1935 le fue descubierto un tumor: “Un día, cuando se estaba bañando en el mar, una ola fuerte y alta le pegó en el pecho a Alfonsina, quien sintió un dolor muy fuerte y perdió el conocimiento. Sus amigos la llevaron hasta la playa. Cuando recobró el conocimiento descubrió un bulto en el pecho que hasta el momento no se notaba pero en esa oportunidad se podía tocar con la mano.”

Fue operada de mastectomía ese mismo año en mayo, a la edad de 43 años, quedando secuelas graves de todo tipo, físicas y emocionales, resultando un verdadero calvario su larga y dolorosa convalecencia, pues la tuvo prostrada largo tiempo, con recaídas de dolores terribles y pérdidas de conocimiento que la tuvieron al borde de la locura. Durante tres largos años de penalidades y sufrimientos escribió sin descanso, cartas y poesías desgarradas, hasta que tras la última recaída no pudo enfrentarse con su destino y decidió desgraciadamente suicidarse.

Hay dos versiones de su muerte. La más probable dice que se tiró desde lo alto de un acantilado situado cerca del Club de mujeres de Mar del Plata, donde apareció un zapato al borde del abismo, que se le quedaría enganchado al lanzarse al vacío.

La otra cuenta que Alfonsina se introdujo andando en la playa hasta ahogarse. Esta versión, más romántica, es la que recoge la canción.

Dejó tres cartas para despedirse; una para su hijo, otra para su abogado, para que cuidase de su hijo y otra con un pequeño poema de despedida. Eran estos versos:

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme puestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.
Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera,
una constelación, la que te guste,
todas son buenas; bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes,
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

para que olvides. Gracias… Ah, un encargo,
si él llama nuevamente por teléfono

le dices que no insista, que he salido…

(Este final es un misterio para todos los que la conocieron y aún hoy sigue sin resolverse).

Os pongo el link de la Wikipedia:

https://es.wikipedia.org/wiki/Alfonsina_Storni

Y el de los vídeos de las dos canciones.

La de Mercedes Sosa con la letra de la canción y algunas escenas alusivas.

https://www.youtube.com/watch?v=Rrr5YzcbPd4

Y la versión de Pasión Vega:

https://www.youtube.com/watch?v=3BIVwPvKIpQ

Espero que os guste y la disfrutéis (no sé si es la palabra adecuada) como si fuera una nueva canción.

¡Ah! Horacio Quiroga y Leopoldo Lugones, también se suicidaron como ella. Y es que el suicidio despertó un interés desmedido no sólo en los poetas románticos, sino en los escritores y artistas de las siguientes generaciones de todo el mundo, que arrastró como una peste contagiosa a personajes tan relevantes como Mariano José de Larra, Ángel Ganivet , Stefan Zweig, Virginia Woolf o el mismísimo Ernest Hemingway.

Para terminar, os dejo la letra de la canción, para que os pongáis a cantarla mientras os acordáis de esta historia tan triste, como yo a veces cuando regreso en el autobús a mi casa:

 Alfonsina y el mar

Por la blanda arena que lame el mar
Su pequeña huella no vuelve más
Un sendero solo de pena y silencio llegó
Hasta el agua profunda
Un sendero solo de penas mudas llegó
Hasta la espuma

Sabe Dios qué angustia te acompañó
Qué dolores viejos calló tu voz
Para recostarte arrullada en el canto de las
Caracolas marinas
La canción que canta en el fondo oscuro del mar
La caracola

Te vas Alfonsina con tu soledad
¿Qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Una voz antigua de viento y de sal
Te requiebra el alma y la está llevando
Y te vas hacia allá, como en sueños
Dormida, Alfonsina, vestida de mar

Cinco sirenitas te llevarán
Por caminos de algas y de coral
Y fosforescentes caballos marinos harán
Una ronda a tu lado
Y los habitantes del agua van a jugar
Pronto a tu lado

Bájame la lámpara un poco más
Déjame que duerma Nodriza en paz
Y si llama él no le digas que estoy
Dile que Alfonsina no vuelve
Y si llama él no le digas nunca que estoy
Di que me he ido

Te vas Alfonsina con tu soledad
¿Qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Una voz antigua de viento y de sal
Te requiebra el alma y la está llevando
Y te vas hacia allá como en sueños
Dormida, Alfonsina, vestida de mar

(Mercedes Sosa)

Un abrazo

Eltitomelancólico